"Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano?
O tu también ¿por qué menosprecias a tu hermano?
Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
Porque escrito esta:
Vivo yo, dice el Señor, que ante mí
se doblará toda rodilla,
De manera que cada uno de nosotros
dará a Dios cuenta de sí.
Así que, ya no nos juzguemos más los unos
a los otros, sino mas bien decidid no poner tropiezo
u ocasión de caer al hermano."
Romanos 14, 11-13
Hermanos, bastante tenemos con nuestros propios problemas,
con nuestros propios errores, con nuestra propia vida,
como para ir señalando y apuntando a nuestros hermanos cada vez que
se equivoquen. Más bien como dice la palabra, no seamos el motivo por
el cual llegue el tropiezo, y por el contrario, cuando veamos a nuestro
prójimo flaquear en la fe, ayudémosle orando a Dios para que se encamine.
No hay peor cosa que juzgar a nuestro prójimo por faltas que también
cometemos nosotros, actuando de manera hipócrita, más bien mutuamente
inspiremos la corrección, animando a buscar la palabra y el amor de Dios.
Recordemos que nuestro padre celestial lo sabe todo y nada le es oculto,
ni nuestros pensamientos, por lo tanto cuando nos toque estar parados
ante Él vamos a preferir que se hayan borrado nuestros pecados habiéndonos
arrepentido por ellos, a que se hayan acumulado por juzgar y no ayudar a nuestro prójimo.
Actuemos con amor, que es lo que Jesús nos enseño, que nuestra vida se llene
de amor, y enseñemos amor, antes de juzgar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario