"No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto sean pocas tus palabras.
Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace de los insensatos. Cumple lo que prometes, mejor es que no prometas, a que prometas y no cumplas.
No dejes que tu boca te haga pecar. (...) mas tú teme a Dios."
Eclesiastés 5, 1-7
Muchas veces me he encontrado en situaciones difíciles, y es cuando recién me acuerdo de Dios. En esas situaciones me arrodillo y suplico por la ayuda de Dios, y mezcladas con mis ruegos están muchas promesas hacia Dios.
Cuando nuestro Padre responde a mis llamados, fácil me olvido de lo que he prometido pues ya no me encuentro en necesidad. Ese es una pésima forma de demostrarle cuan agradecido estoy con él, es mas inclusive hago que no se complazca en mi. Me pregunto ¿cómo puedo pedirle nuevamente su ayuda en otra oportunidad, sin haber cumplido lo que prometí?.
La misericordia de Dios es grande para con nosotros, empecemos a demostrarle nuestra gratitud, hay que cumplirle lo que prometemos y seguro nos irá mejor, esto también es fe.
Busquémosle no solo en angustia sino también en alegría, cumplamos lo que le prometemos y el cumplirá nuestros pedidos.
Amen
sábado, 11 de septiembre de 2010
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